Considero el coaching un arte, porque mas allá de las técnicas y metodologías formales en las que se construye y apoya, es la practica de descubrir las formas de percepción que tenemos en la vida y denunciar la mirada del cliente; el poder captar sus inquietudes y puntos ciegos y acompañarlo en medio de una burbuja de confianza a que cambie su mirada y percepción a una o varias posibles puertas de salida a su búsqueda.
Es un arte, porque no existen dos procesos de Coaching que se puedan considerar iguales, ni siquiera parecidos. cada proceso es único e irrepetible y es la apertura a la indagación y exploración de las razones primarias de nuestra conducta y camino. El poder profundizar en los laberintos de la mente y las emociones y reconocer cabalmente las actitudes y conductas que se derivan de tales miradas. Es el arte de bucear tan profundo en los rincones del corazón humano que deviene poderoso en la medida de su claridad y atrevimiento.
Cuando me paro frente a una obra de arte, puedo apreciar la maestría en la utilización de los materiales y puedo descubrir tal vez, las técnicas utilizadas en su creación. Puedo admirar también las texturas y armonía de las formas en balance. Pero, tal vez, si agudizo la mirada, pueda abrir mi percepción a una experiencia mas profunda que es el tocar la objetividad de un mundo que el artista descubrió y que pretendió plasmar en su obra. El apreciar una obra de arte, pues, me puede llevar a un encuentro con un “Yo” inexplorado: veo el reflejo de mi propia silueta en esa obra.
De una manera similar, el Coaching es el camino a descubrir la posibilidad de respuesta o solución a una interrogante que el cliente porta; ésa es tal vez la ganancia mas evidente, pero está lejos de ser la mas importante. En el arte del Coaching, devengo diferente como Coach y como cliente, al lograr ver lo que antes no veía y lo mas importante, al convertirme en algo que, hasta hacía unos momentos atrás, me era extraño y desconocido de mi propia vida.